Entrevista a Mara Torres en La Resistencia



A continuación puedes ver el vídeo de la entrevista que David Broncano le ha hecho a Mara Torres en el programa La Resistencia: https://youtu.be/oTcnPgLMvzA (Vía YouTube)

Entrevista a Mara Torres en La aventura del saber



Mara Torres ha estado en el programa 'La aventura del saber'  de La 2 de TVE. Puedes ver el vídeo de la entrevista en el siguiente enlace: https://youtu.be/2f2SIqlVgHg

Mara Torres en NTMEP (Entrevista)




A continuación tienes el vídeo de la entrevista de Facu Diaz y Miguel Maldonado a Mara Torres, periodista, autora de Los días felices y La vida imaginaria. Con mucho sentido del humor para torear a las dos almas peculiares que le preguntan en NTMEP.

Pincha en el siguiente enlace para verla: http://m.publico.es/publicotv/ntmep/programa/661148/ntmep-2x16-entrevista-a-mara-torres

Fuente: Diario Público 

Mara Torres. Los días felices. Entrevista


Fuente: entrevista realizada para: https://eltinteroeditorial.com/mara-torres

Mara Torres entrevista
Foto: © Teresa Alonso.  portada: 
Mara Torres ya contestó a mis preguntas cuando fue finalista del Premio Planeta, con su novela La vida imaginaria. Me gustó mucho su Fortunata, también la novela, estaba bien armada, su lectura era fluida y, sobre todo, se visualizaba muy bien.
Ahora acaba de aparecer su segunda novela, Los días felices. En la que se aprecia una gran evolución. Mara Torres regala al lector una buena novela: redonda, amena, rápida, con buenos personajes y una estructura muy pensada. Y además tiene un trasfondo que hace inevitable que pienses en tu vida y qué pasa en ella cada cinco años. La autora se ha inventado una teoría genial que creo que da en el clavo.
Los días felices habla de una autora que sabe lo importante que es publicar un libro y no elude la responsabilidad que conlleva respetar a sus lectores.

La entrevista

¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela?
​El germen de la novela fue el tema del amor platónico, quería contar una historia que tuviera como eje el amor platónico no en el sentido de amor imposible sino de amor aplazado o interrumpido. He pensado muchas veces que este tipo de amor que no se hace realidad. Porque no era el momento o porque uno de los dos no se atrevió a dar el paso o por cualquier otra circunstancia. Se queda en nuestro imaginario salvado del paso del tiempo. Esos amores pertenecen al mundo de las ideas y se convierten para muchos de nosotros en una isla en la que refugiarnos cuando la vida sentimental se tambalea alrededor.
En Los días felices, el protagonista, Miguel, recibe una tarde la llamada inesperada de Claudia, a la que conoció el día que él cumplía veinte años. A través de ese encuentro, se cuenta la vida de Miguel desde los 20 hasta los 40 años, a través de su día de cumpleaños cada 5 años.

Cada cinco años

¿Por qué cada cinco años?
Parte de algo que dice uno de los personajes de la novela, Leopoldo. Dice “Si el ser humano quiere saber cómo es su vida solo tiene que observar su día cumpleaños de la mañana a la noche, cada cinco años. Porque cada cinco años el mundo cambia y cuando uno se quiere dar cuenta es otro”. La teoría me la inventé, pero es cierto que un lustro es tiempo suficiente como para que cambien los escenarios sentimentales, emocionales e incluso físicos. Especialmente durante esas dos décadas (de los 20 a los 40 años) que son tan cambiantes para casi todos nosotros.
Los días felices
¿Qué ha cambiado en tu proceso creativo desde que escribiste la primera novela?
La primera novela no estaba concebida como novela sino como una historia que me inventé con un personaje, Fortunata Fortuna, que necesitaba que me hiciera compañía los domingos por la tarde. Luego se convirtió en La vida imaginaria y ganó el finalista del Premio Planeta. La diferencia es que cuando comencé a pensar en Los días felices la concebí como novela desde el principio. Con una estructura, una trama y una voz narrativa que he desarrollado durante aproximadamente tres años.

Un buen esqueleto

Los días felices tienen una doble estructura. Juega con el tiempo y se adecúa perfectamente a la historia que quieres contar. ¿Cómo se te ocurrió hacerlo así?
Me apetecía jugar con la idea de que la historia de una persona cabe en un solo día y si se describe ese día completo desde la mañana a la noche  -con quién te levantas y en qué cama, de qué hablas, qué piensas, qué recuerdas, qué haces durante la jornada y con quién- se dibuja gran parte de tu vida anterior.
Lo interesante para mí desde el punto de vista narrativo era que, leyendo cada uno de los capítulos, el lector tuviera información sobre los cinco años anteriores. Para eso he trabajado en borradores y en apuntes lo que pasa en cada uno de esos intervalos que ellos no van a leer, pero yo necesito para dar coherencia al relato. El otro día un crítico literario dijo que esta novela importa lo que se lee y lo que no se lee. Todas las lecturas que hay entre líneas provienen de esos borradores que no se publican.
¿Estuviste tentada a otro final diferente? 
Para no hacer spoiler, solo te diré una cosa: lo que hago con los dos personajes protagonistas lo decidí muy, muy al final. Tuve dudas durante todo el tiempo sobre qué hacía con ellos.
¿Cómo creas a tus personajes? ¿Tienes algún truco para hacerlo?
Los perfilo y después se van haciendo ellos solos. Es increíble, pero es tal cual.

La clave de un buen libro

Según tu criterio, ¿qué tiene que tener un buen libro? 
No hay un único criterio. Hay infinitos motivos que me hacen disfrutar de una novela o de un libro de poemas.
¿Dónde te gusta escribir? ¿Tienes alguna hora determinada del día en la que te sientas más inspirada?
Escribo por las mañanas. En una mesa que está enfrente de una ventana que da a una jardín y apoyo los pies en una maleta que tengo debajo de la mesa.
¿Cuáles son tus referentes literarios? ¿Qué estás leyendo en este momento?
Poesía, casi siempre.
¿Qué te gustaría que pensara el lector después de leer Los días felices?
Que ha conseguido desconectar un rato para conectar con otro mundo que no es el suyo. Y, sin embargo, acaba sintiendo como suyo.

Mara Torres: “MI VERDADERA VOCACIÓN ES LA DE LECTORA”



Mara Torres: “Mi verdadera vocación es la de lectora”
  • Cuando ganó el finalista del Premio Planeta 2012 por La vida imaginariaMara Torres (Madrid, 1974) aseguró que no volvería a escribir una novela. Aquella noche, en plena rueda de prensa y tras citar a Extremoduro, Subiela y Benedetti, la periodista explicó que aquel libro era un asunto puntual. Y sanseacabó. Cinco años después, reincidió. Regresa ahora con una segunda novela, Los días felices, el motivo de esta entrevista.
Mientras bebe una taza de café, Mara Torres cuenta qué hay detrás de esta nueva entrega. Así como se inventó a Fortunata Fortuna para que le hiciera compañía cuando escribió La vida imaginaria, en esta ocasión le pudo la urgencia de la ficción. Acaso por evadir la realidad, por regar la vida con algo que no encabezara un informativo. A juzgar por el resultado, algo de verdad tiene lo de la evasión. Los días felices es un libro sellado al vacío: no hay política, ni actualidad, apenas hay referencias geográficas y sabemos que ocurre en España porque alguna que otra vez aparece una peseta.
Los días felices narra la vida de Miguel, un personaje cuya vida Mara Torres decide contar en un día. Para eso elige la fecha de cumpleaños de su protagonista cada cinco años, desde los 20 hasta los 40. Eso le da a Mara Torres margen para poner en marcha una novela que podría versar sobre el amor y los sentimientos  —que los hay. Sí, los hay— aunque también sobre el paso del tiempo y los cambios que experimentan las personas en esa estepa que separa unas edades de otras. Abundan las cabriolas vitales e incluso cierto empalago. Una novela de iniciación, a los cuarenta.
Como esta no es la primera conversación con la periodista, resulta cansino interpelar —otra vez— la manía de las presentadoras de noticias por incurrir en la ficción. La pregunta permanece, pero de otra forma: ¿en qué tiempo, por Dios, escriben estas novelas? Mara Torres ríe. No se deja chinchar y pone sus cartas sobre la mesa. Escribe, dice ella, para que las mañanas no la machaquen. Escribe para hacerse compañía. Escribe para despistar. Así de simple.
Si existe un atributo en quienes se someten al purgatorio de contestar preguntas es la generosidad. Y a Mara Torres le sobra. Si estuviese enfadada, quien pregunta no lo advertiría, porque con ella todo fluye.  La verdad es esa: Mara Torres habita un territorio amable, como su literatura. En las distancias cortas, la periodista se confiesa lectora antes que escritora. Puesta en el brete de los síes y noes, reniega de pocas cosas. No son dogmáticas sus lecturas, tampoco sus ideas sobre lo literario o la sentimentalidad.
En una entrevista que puede llegar a ser la número 30 de la gira de promoción, Mara Torres habla en ocasiones con la estructura de un guión —ideas definidas, metidas a la fuerza— pero también concede el momento comodín de la estampa infantil: los recuerdos sobre los diarios tempranos o las lecturas de Mafalda que colmaron las primeras lecturas. La vocación cual diente de leche. Dentro de poco, la periodista entrará a trabajar, nueve o diez horas, erre que erre, bregando con la realidad. Entre medias, la ficción. Bienvenida sea. De eso habla en esta entrevista.
—La escritura no se elige del todo, ya ve. Después de La vida imaginaria pensó que no volvería a escribir un libro y mire, este le ha llevado la contraria.
—En mi caso, escribir parte de una necesidad. Escribo cuando lo necesito. Si esa necesidad no surge puedo estar sin escribir durante un tiempo indefinido. Ese impulso sólo lo he tenido dos veces: cuando me inventé un personaje para que me hiciera compañía, Fortunata Fortuna,  y cuando esta historia empezó a barruntarse: quería escribir sobre el amor platónico.
—Pero usted dice que la inclinación a escribir es muy anterior. ¿Tiene afición a llevar diarios, no?
—Es cierto que desde muy pronto sentí necesidad de contar y escribir las cosas que me pasan, pero eso no es la ficción. La ficción es otra cosa.
—¿Qué es exactamente la ficción para usted entonces?
—La ficción es algo a lo que soy adicta como lectora.
"La memoria es ficción, aunque sea propia. Escribir en un diario no es eso. He revisado los diarios todo este tiempo y no están escritos con conciencia de que serían leídos."
—Relatar la propia vida, en ocasiones, es también una forma de ficción.
—La memoria es ficción, aunque sea propia. Escribir en un diario no es eso. He revisado los diarios todo este tiempo y no están escritos con conciencia de que serían leídos. Son apuntes. No hay nada más que vomitar lo que pienso o siento en ese momento. La ficción, para mí, supone reflexión, una estructura.
—Se le ve más cómoda con la estructura de este libro, por cierto. Es algo más compleja.
—Sin ninguna duda. Cuando escribíLa vida imaginaria lo hice para combatir los domingos por la tarde, que se convirtieron en unas cuestas muy empinadas. Me había dejado un novio a quien yo quería muchísimo y me inventé a Fortunata Fortuna para que me hiciera compañía. Lo hice por esa razón. En esta novela hay una diferencia fundamental: desde el momento en que la concibo sospecho que va a tener lectores. Está prevista como una novela con estructura, con trama, con personajes. Cuando escribíLos días felices era importante para mí no pensar en las expectativas que había levantado el premio. Si algo tenía claro es que no quería escribir para mis colegas periodistas, ni para la crítica, ni para la prensa, tampoco para el jurado que me había premiado ni para la editorial. Necesitaba escribir con la mayor libertad posible.
—Esta es, a su manera, una historia sobre la madurez. Un hito revisitado cada cierto tiempo arroja un relato del paso del tiempo.
—La novela tiene una estructura circular. Empieza y termina en un mismo momento: un día a las cuatro y siete minutos de la tarde, en el que un personaje se mira al espejo y dice: ‘Soy un desastre sentimental’. Esa es la frase con la que arranca la novela: la historia de un hombre se puede saber en un solo día. Sí que es verdad que al utilizar un hito que se repite cada cinco años, muchos elementos conectan entre sí. Eso hace posible ver la evolución del personaje a lo largo del tiempo.
"En esta novela lo único que tenía claro es que quería crear un personaje que se acercara al perfil de los hombres que me rodean y que, teniendo una herencia socialmente machista, quieren una sociedad igualitaria."
—Me ha dicho que quería escribir sobre el amor platónico. ¿Tenemos una relación atrofiada o al menos evasiva con eso? ¿Somos renuentes a lo sentimental?
—Rixtard Bacete tiene un libro llamado Nuevos hombres buenos. Habla de aquellos hombres que, siendo herederos de una sociedad machista, deciden romper con eso. Eligen una sociedad igualitaria. Se quitan el sambenito sobre el pudor que puede sentir un hombre al llorar en público o expresar una sentimentalidad. Si hay algo que tuve claro con mi personaje es que la ficción tiene sus propias reglas. No tienes que hacer un retrato perfecto de nadie. Pero en esta novela lo único que tenía claro es que quería crear un personaje que se acercara al perfil de hombres que me rodean y que, teniendo una herencia socialmente machista, quieren una sociedad igualitaria. Hombres a los que no les da pudor llorar, ni decir que sienten con toda la intensidad y que se reparten las tareas en casa. En eso sí que he tenido cuidado, en crear un personaje así.
—Es una cuestión generacional, ¿no?
—Creo que mi generación ha podido ver que el machismo no sólo ha hecho daño a las mujeres, también a los hombres. Han tenido que responder también a unos estereotipos. Esta novela tiene tantos lectores como lectoras, ambos se han sentido identificados con el personaje: que siente, llora, que sufre cuando no le llega un mensaje que está esperando; que se pelea consigo mismo porque va en búsqueda de la felicidad pero no es demasiado valiente. Alguien a quien le duele ser cobarde, que tiene miedo a la soledad.
—El periodismo tiene obligaciones con la realidad, la ficción no. Las personas no son una sola cosa. Pero ¿se siente usted más narradora que periodista? ¿Acaso al revés?
—Desde luego, hoy por hoy, prácticamente todo mi tiempo está dedicado a escribir sobre la actualidad, que son nueve horas diarias. Cuando escribes sobre la actualidad es apetitoso: puedes disfrutar con el lenguaje, la realidad te da tantos elementos que parecen de ficción que es una buena herramienta para que puedas trabajar otro tipo de textos. Me siento más periodista.
"Al igual que me inventé a Fortunata para que me hiciera compañía, también hay algo de necesitar compañía durante las mañanas que paso sola en casa."
—¿Qué tipo de periodista es usted?
—Hay muchos tipos. No hago periodismo de opinión, no hago reportajes, todos los días me dedico a escribir un informativo sobre temas de actualidad. Debo decir también que a mí escribir ficción me cuesta. Me hace disfrutar tanto como sufrir. Me meto de tal forma en la historia y en mis personajes que apenas pienso en otra cosa que no sean mis personajes. Me hacen pensar mucho. Al igual que me inventé a Fortunata para que me hiciera compañía, también hay algo de necesitar compañía durante las mañanas que paso sola en casa. Como mis horarios van al revés que los de todos y vivo sola en Madrid, el tiempo que paso escribiendo me siento así: en compañía.
—La escritura como proceso entraña algo de acritud. Veo que no es su caso.
—He visto colegas míos escribiendo en un bar con el móvil un texto que les sale redondo. A mí me cuesta mucho encontrar la versión final. Por ejemplo, esta novela tiene una estructura aparentemente compleja, pero consigue ser fácil para el lector por todas las correcciones que he hecho hasta depurarla y convertirla en un texto sencillo, ágil para el lector. Yo no llego a eso con mi primer encuentro con el texto. Llego, pero en el intento número mil.
—La discusión periodismo y literatura entraña una redundancia. El periodismo lo único que no posee es ficción, pero nada lo exime de tener el resto de los atributos de lo literario.
—Las herramientas que utiliza son las mismas, sólo que en el caso de la ficción tiras de la imaginación. Puedes crear una historia, como lo hizo Asimov, de una sociedad dividida entre humanos y robots y hacerla creíble. Lo que no podrías es hacerlo como noticia, te lo estarías inventando. A mí me ha ayudado la disciplina que ha supuesto escribir durante tantos años cada día. Una noticia tienes que hacerla distinta a como la has visto a lo largo del día. Hay que pensar cómo convertir en otra cosa una noticia que llevas viendo todo el día. Esta no es la primera vez que lo conversamos, lo hemos hablado en entrevistas anteriores: cómo es posible que los periodistas escriban novelas y hagan ficción. Porque el material que uno tiene es tan jugoso que a algunos les sale hacer algo con ese material. En mi caso no, porque lo que hago no tiene nada que ver con el periodismo.
"Tuve tentación de hacer alusión a la música que conozco, o al cine que yo veo, pero quedaba impostado."
—Su narrativa alude a una esfera intimista, sentimental. ¿Se ve Mara Torres haciendo otra cosa, thriller por ejemplo?
—Todo puede tocarse en literatura, esa es la ventaja. Puedes hacer, como Juanjo Millás, que los zapatos hablen. Desde luego yo me he movido en esa esfera íntima de sentimientos, porque es en la que me he sentido cómoda. Quizá en un año o dos estaremos hablando de otra cosa. Intento ser ante todo coherente con mis personajes. En Los días felicestuve el impulso de meter la realidad, pero me dije: no. Porque parecería impostado. Era como meterlo con calzador, así como para demostrarle al lector que yo sé de actualidad. Como para decir, si estoy escribiendo una novela que ocurre a lo largo de veinte años y no habla de política no es porque yo no la conozca sino porque no cuadra. Tuve tentación de hacer alusión a la música que conozco, o al cine que yo veo, pero quedaba impostado. No tengo que hacer un personaje que se ajuste a quién soy yo, sino a quién es él.
—¿Es usted de las que reconoce sin complejos la existencia de una literatura femenina?
—Existe y por qué vamos a renegar de ella. Lo doloroso es que esa literatura haya estado llena de connotaciones negativas. Siempre he pensado que de la segunda mitad del siglo XX español, Almudena Grandes era el autor más grande. Es la escritora-escritor, a eso me refiero. Parece que todo lo femenino tiene una connotación débil. No tenemos por qué renegar de una literatura femenina ni de autoras cuyas destinatarias primeras sean las lectoras. ¿Por qué no?
—Usted… ¿forma parte de este territorio?
—No, porque yo no pienso en una lectora o un lector, pero eso da igual. No tiene sentido atribuir una connotación discriminatoria. Madame Bovary, Anna Karenina, La Regenta, eran grandísimas novelas protagonizadas por grandísimas mujeres, escritas por hombres, y nadie ha dicho que eran literatura destinada a mujeres.
"Es verdad que tengo necesidad de contar las cosas a los cuatro vientos, pero además de escribirlas."
—Su voz literaria, al margen de los diarios… ¿cuándo apareció?
—Es verdad que tengo necesidad de contar las cosas a los cuatro vientos, pero además de escribirlas. Sin embargo, siento que mi verdadera vocación es la de lectora. Leo desde que soy muy pequeña.
—¿Qué leía?
—Eso es algo llamativo. En mi casa no existía Mafalda, pero en algún lugar encontré unas tiras de Mafalda. No recuerdo dónde. Así que un día pedíDiez años con Mafalda. Me dediqué a leerlas, todas. No entendía muchas de esas tiras, porque eran políticas, pero leía Mafalda todos los días. Nunca me cansaba. Con los años, las que no entendía terminé entendiéndolas. Lo que más me gustaban de las tiras de Mafalda era el detalle de los dibujos: los calcetines tendidos, la vajilla recién lavada de la que se puede ver cómo cae la gotita.
—¿Quién era el lector en su casa?                 
—Puede que mi padre, digo puede ser porque no recuerdo la imagen de mis padres leyendo durante horas. Teníamos una buena biblioteca, pero lo más probable es que la más lectora de los cinco fuera yo. Siempre me regalaron los libros que necesitaba y que quería y ahora mi madre es una lectora empedernida. Desde pequeña me inculcaron la lectura. Mis padres decían que la lectura era nuestra arma de libertad.
—Hay mucha gente que, voluntariamente, declina la lectura. Usted ha dicho que quiere entretener al lector. ¿Cuál es la diferencia entre eso y hacer concesiones?
—Con Los días felices quería que el lector sintiera que entraba rápidamente en un mundo que no tenía que ver con el suyo, para desconectar un rato. Por eso quería que el texto fuera ágil, para que cuando acabara de leer el libro, se diera cuenta de que en el fondo estaba hablando de su propio mundo.

Los días felices de Mara Torres

Por Eva Monzón 

Después de leer y sentir La vida imaginaria (su anterior novela), no pensé que Mara Torres fuera capaz de volver a conectar lector y protagonista, poniendo al uno en la piel del otro y viceversa de una manera tan especial.
Luego leí Los días felices y, con mucho placer, comprobé que no solo lo había vuelto a hacer, sino que esta vez la conexión era mil veces más intensa.
Los días felices enfatiza los pequeños y los grandes momentos de la vida de Miguel, permitiendo que nos sintamos identificados en los recovecos de la cotidianidad y en las curvas de lo inusitado.
Vivimos la historia de Miguel con una estructura curiosa que entrelaza el día de su cumpleaños cada 5 años (desde los 20 hasta los 40), con un día del presente: el de su reencuentro con Claudia.
El porqué de esta estructura lo explicó Mara en Late Motiv:
“Siempre he sido muy obsesiva con la idea de que la historia de un hombre o una mujer se puede contar en un solo día”.
Eligió la etapa de los 20 a los 40 años porque:
“Es una etapa muy convulsa para cualquier ser humano, donde todo es móvil, los escenarios vitales cambian, las relaciones emocionales también”.
La novela eleva la empatía a la máxima potencia, haciéndonos llorar y reír, enfadar e ilusionar, leyendo de un tirón y sin dejar de tener los nervios a flor de piel desde la primera página hasta la última.
“Este libro me ha hecho pensar mucho en el paso del tiempo”.
No sé de qué manera afecte a cada lector, pero sé que, sin duda alguna, Los días felices de Mara Torres no dejarán indiferente a nadie

Érase un ángel fieramente humano


Este enero se cumplen diez años desde que falleció el poeta Ángel González, miembro del grupo poético del 50 y figura clave de la literatura de posguerra. En este número, algunos de sus (numerosos) amigos le rinden homenaje y recuerdan su obra.​ La periodista y escritora Mara Torres recuerda aquí su primer encuentro, literario y personal, con el poeta.



Érase un ángel fieramente humano que se presentó en mi casa un domingo de 1997, cuando yo todavía vivía con mis padres, existían las pesetas y se compraban los periódicos. Mi padre subió del quiosco el diario y me dio el suplemento dominical para que lo leyera mientras tanto. El País Semanal dedicaba un reportaje a la poesía española contemporánea y allí, en aquellas páginas de revista, de golpe y sin previo aviso, me topé con “Quise”. “Quise mirar el mundo con tus ojos/ ilusionados, nuevos/ verdes en su fondo/ como la primavera./ Entré en tu cuerpo lleno de esperanza/ para admirar tanto prodigio desde/el claro mirador de tus pupilas./Y fuiste tú la que acabaste viendo/el fracaso del mundo con las mías”. Recorté el poema con los dedos, lo puse en un corcho que tenía en la pared al lado de la cama y me dormí mirando el trozo de papel sujeto con la chincheta. En esos nueve versos estaban todos los temas que me interesaban: el amor, el paso del tiempo, la esperanza, el fracaso, el realismo social y el deseo. Acababa de enamorarme, y ya sería para siempre, del poeta Ángel González.

Mi primer libro suyo fue Poemas, una edición que el autor hizo para Cátedra y compré poco después de aquel domingo, en agosto del 97. Abrí al azar por “Me falta una palabra…” (“La necesito: ¿no veis / que sufro?”) y doblé la esquina de la página para seleccionarlo. Salté a otro: “Me basta así” (“Creo en ti/ Eres./ Me basta”), y también doblé la esquina de la página. Otro: “El conformista” (“Cuando era joven quería vivir en una ciudad grande. /Cuando perdí la juventud quería vivir en una ciudad pequeña./Ahora quiero vivir”) y doblé la esquina. Otro: “Canción para cantar una canción” (“Esa música… /Insiste, hace daño/en el alma”) y doblé. Y así fui haciendo con “Es la felicidad lo que hoy lamento”, “Muerte en el olvido”, “En ti me quedo”, “Eso era amor”, “Nada es lo mismo”, “Porvenir”, “Dos homenajes a Blas de Otero” —a quien robo un título en este artículo—, “Estoy Bartok de todo”… Hoy, al revisar aquel primer poemario, compruebo que tiene todas las páginas marcadas y asumo que nunca he podido elegir un poema de Ángel González porque me gustan todos.

Sin que él lo supiera, a partir de aquel verano vino a vivir conmigo. Se instaló en las estanterías, encima de la cama, en la mesa del salón, en el cuarto de baño. Recorrí junto a él infinitos estados de ánimo: si la madrugaba era oscura, él la iluminaba; si había ruido, lo convertía en música; si tenía pena, me acompañaba hasta dentro de la tristeza. Cuando necesité reírme, me enseñó a hacerlo de mí misma; y cuando algo me desconcertaba, aportó la reflexión y la ironía. Ante la desesperanza, ponía el convencimiento; ante la aspereza del mundo, la amistad; y si tenía sed, me ponía una copa. Recuerdo una de esas en las que me estaba muriendo (ya no recuerdo de qué, intuyo que de amor, era veinteañera) y él dijo serenamente que para vivir un año era necesario morirse muchas veces mucho. En asuntos humanos, el ángel era un fiera.

Un día, Luis García Montero, a quien agradezco tantas cosas que no me caben en ningún texto, me invitó a cenar a su casa. “Estaremos Almudena y yo, y vienen también Ángel y Susi”. “¿Qué Ángel?”, pregunté. “Ángel González, así le conoces”. Casi me da un infarto. Me puse tan nerviosa que no se me ocurrió otra cosa que llevar una botella de champán que compré en el Vips de la calle Fuencarral porque se me olvidó que bebía whisky. Después de aquella cena, vinieron otras y en todas fui testigo de lo que significaba Ángel González para sus amigos: cuando caía la noche, se convertía en la luz de la hoguera.

Al apagarse él, se apagaron todas las luces.

Uno de los poemas más tristes que conozco se titula “Caída”, es el último poema del libro póstumo Nada grave, publicado por Visor cuando Ángel ya no estaba (“Y me vuelvo a caer desde mí mismo/ al vacío, / a la nada./ ¡Que pirueta! / ¿Desciendo o vuelo?/ No lo sé./ Recibo/ el golpe de rigor, y me incorporo./ Me toco para ver si hubo gran daño,/mas no me encuentro./ Mi cuerpo ¿dónde está?/ Me duele sólo el alma./ Nada grave”), y si este cuento tuviera un final inventado yo no sería lectora, sino poeta, para poder haber curado sus heridas tal y como él hizo tantas veces con las mías.

*Mara Torres es escritora y periodista. Su último libro, Los días felices (Planeta, 2017). 

MARA TORRES "La felicidad no está para definirla sino para vivirla"

Entrevista realizada en: http://www.masleer.com

Mara Torres, una de las presentadoras de informativos más distinguidas del panorama nacional, nos presenta su segunda novela y nos habla de cómo va cambiando la vida con el paso de los años.



Cinco años después de ser finalista del Premio Planeta, Mara Torres está de estreno literario. Imaginaria o no, la vida va pasando y Los días felices han llegado para dejar muy buenas sensaciones entre los lectores de una de las presentadoras de informativos más destacada de la última década. Su talento y saber estar delante de las cámaras también se reflejan en su perfil de escritora. Su nueva novela le ha estado acompañando durante los últimos tres años. Del paso del tiempo, parte importante de la historia, y de los cambios de la vida hablamos, por supuesto, siempre por hablar, con la periodista madrileña. 

-¿Tanto cambia la vida cada cinco años? 
La vida es un movimiento constante y empiezo a pensar (después del intercambio de primeras impresiones con los lectores y los periodistas con los que charlo en las entrevistas), que un lustro es un intervalo suficiente como para que los cambios sean notables. Los días felices (Planeta) narra un encuentro entre Miguel y Claudia porque ella le llama inesperadamente y quedan a tomar algo. Durante esa cita, que dura exactamente 24 horas, se cuenta la historia de Miguel desde los 20 años (porque se conocieron justo el día del 20 cumpleaños de Miguel) hasta los 40 (último cumpleaños que ha celebrado el protagonista) en intervalos de cinco años. Y en esas dos décadas que narra la novela se transforman los escenarios físicos y también los emocionales. Es una estructura que me ha dado mucho juego literario. Elegí el día de cumpleaños no solo porque tiene que ver con la trama, sino porque siendo días completamente distintos tienen elementos comunes, por ejemplo, todo el mundo te desea un feliz día (de ahí el doble sentido del título) y suele haber una tarta, que acaba convertida en una metáfora de cómo es tu vida, quién te acompaña y los que ya no están. 
-Y a usted, ¿cuándo le ha cambiado más? 
Por ejemplo, en cuanto a escenario físico: a los 20 años el día de mi cumpleaños me desperté en casa de mis padres, a los 25 en otra casa, a los 30 en compañía, a los 35 sola y a los 40 en otra casa y al lado de otra persona. En el mundo laboral, a los 20 años estaba terminando la carrera de periodismo y trabajando de becaria en la cadenaSer, a los 25 hacía el programa nocturno Hablar por hablar, a los 35 entré en TVE, a los 40 había publicado una novela y empezaba a escribir otra. No coincide exactamente con la vida de Miguel, pero indudablemente, son dos décadas muy cambiantes para cualquier ser humano. También se nota mucho en las fiestas de cumpleaños, cuando cumplí 20 hicimos una fiesta con tropecientos amigos; sin embargo,  mi último cumpleaños, que fue hace un mes, me pilló volviendo de un viaje, comí con mi hermana y mi sobrino Lucas, que siempre lo paso en grande con él, y luego me fui a trabajar a la tele. Pero además este año fue curioso, porque justo al día siguiente, presenté la novela a un grupo de libreros y trajeron una tarta y me cantaron ellos el Cumpleaños feliz
-Su anterior libro, La vida imaginaria, fue publicado, curiosamente, hace cinco años…   
¡Sí! Ha sido casualidad, de hecho entregué la novela antes de verano, aunque ha salido publicada justo en octubre, a los 5 años del finalista del Planeta.
-Los días felices es un viaje existencial con el que se identificarán muchos lectores. ¿Cuánto de Mara Torres tiene la historia? 
Así como La vida imaginaria era una novela escrita en primera persona en la voz de Fortunata Fortuna, con la que me identificaba en muchas cosas porque me la inventé para que me hiciera compañía, en este caso he creado un universo completamente distinto al mío. Sin embargo, es asombroso el nivel de identificación que tienen los lectores con el personaje, incluso yo como lectora. He dedicado 3 años completos a esta novela: el primer año lo dediqué a la estructura y a crear los personajes; el segundo a escribir en borradores los 20 años de la vida de Miguel, (aunque luego solo cuento cinco días de esas dos décadas me ha resultado fundamental el trabajo previo para dar coherencia al relato); y el tercer año a construir un texto ágil, que enganchara al lector por la sencillez y, sin embargo, sintiera que se removía por dentro. Me interesaba una voz narrativa en tercera persona, pero que estuviera tan cerca de la voz del protagonista que las líneas que separaban ambas se cruzaran de vez en cuando y conseguir así la empatía con quien leyera. Y, por los comentarios que me hacen los lectores, creo que el resultado está muy cerca de lo que pretendía.  
-¿Tiene su vida muchos días felices? 
El título, obviamente, tiene un doble sentido. En un momento de la novela, le preguntan al protagonista “¿Qué es ser feliz?” y él responde: “Joder, qué mierda de pregunta, ¿qué es ser feliz?”, que en realidad denota que no lo es. Me resulta difícil definir la felicidad, es una pregunta que se han hecho los filósofos hace dos mil años y tampoco encuentran la respuesta, pero sí es cierto que puedo diagnosticar momentos en mi vida en los que he sido muy feliz. Fui consciente de ellos a posteriori, porque la felicidad no está para definirla sino para vivirla. 
-¿Qué lee en esos momentos de alegría?
Todo lo que cae en mis manos lo empiezo, y me quedo con lo que me va convenciendo. En estos momentos tengo unos cuantos libros al lado de la cama: 4,3,2,1, de Paul Auster que acabo de abrir prácticamente; La caza del carnero salvaje, de Haruki Murakami, que estoy a punto de terminar; y dos de poesía, uno de Antonio Lucas y otro de Benjamín Prado que voy mordiendo de vez en cuando, como suelo hacer con los libros de poemas.  
-¿Y qué lectura recomendaría para los días menos felices?
Poesía. Para meterse de lleno en la tristeza o para reírse de ella. 
-¿Qué sensaciones le están transmitiendo los lectores? 
Estoy abrumada de veras. En cuando salió la novela, los primeros lectores crearon un hashtag donde colgaban la foto del libro recién comprado y hacían fotos a las vespas rojas que había en la calle aparcadas en un guiño a la portada. Luego empezaron a llegar comentarios relacionados con las emociones que les había provocado la lectura siendo muy respetuosos con la trama de la novela para no desvelarla a quien todavía no hubiera leído, algo que les agradezco especialmente. Estoy deseando encontrarme con ellos ahora que comienzo a viajar a varias ciudades para presentarLos días felices, porque nos va a dar qué hablar. Cada día pasan cosas nuevas con la novela que me sorprenden: el otro día fui a un librería de Segovia porque necesitaba comprar para regalar y se había agotado; el otro día, un lector creó un hashtag y abrió un canal de Youtube titulado #losdíasfelicesBSO para que la gente linkee canciones que le recuerden a lo leído; o Alemania, que compró los derechos a las dos semanas de salir publicada la novela. 
-¿Nota que la crítica aumenta más la lupa cuando quien escribe viene de la televisión? 
Quizá, más que por ser periodista, fue por ganar el finalista del Planeta lo que puso la lupa sobre La vida imaginaria, obviamente. Es un premio que te dispara a todos los escaparates de todas las librerías y allana un camino que, de otra manera, hubiera sido, sin duda, mucho más lento. ¿Cómo no van a poner la lupa? La crítica hace su cometido y cada lector es un mundo. Los días felices está teniendo una excelente acogida, las entrevistas con los compañeros de prensa están siendo muy enriquecedoras a muchos niveles y ya he comenzado los encuentros con los lectores.
-Por cierto, hablando del paso del tiempo, ya lleva más de una década en La 2 Noticias
Llevo once años, sí. Entré en el año 2006.
-¿Ha evolucionado demasiado la forma de contar las cosas?
Mucho, porque con la irrupción de las redes sociales las fuentes se han multiplicado y se ha incorporado a quien recibe la información casi como parte del relato. En La2noticias pusimos en marcha el primer Facebook que tuvo un informativo de televisión, abrimos la primera sección que recogía información que daban los ciudadanos desde la calle y hemos probado varios formatos que fueron pioneros. Hace 15 años nadie hablaba de ciencia, de tecnología o de medio ambiente en un informativo, excepto La2noticiasque lo incorporaba a la actualidad del día. Este año hemos inaugurado una sección dedicada al deporte femenino, un informativo que nunca ha hablado de fútbol, abre un espacio para las mujeres que practican deporte, donde ellas llevan mucho tiempo ganando terreno y los medios de comunicación nos hemos quedado muy por detrás.
-La historia de Los días felices sería imposible dentro de 20 años…
Supongo que serían: “Otros días felices”.
-¿Cómo se imagina para entonces?
Dentro de 20 años tendré 63. No me da vértigo la edad, sino lo rápido que pasa el tiempo.
-Como comenta Claudia en la historia, ¿la vida es solo vida?
Diría que es una de las frases que definen la novela porque la vida es vida, ni más ni menos. Hay otra frase de Leopoldo, otro de los personajes de la novela que dice: “La vida es sencilla pero la hacemos compleja”, que también me gusta mucho. Dicen algunos lectores que la novela no es lo que parece, que el título y la imagen de portada no anticipan lo que se encuentran después porque se han sentido muy removidos en la lectura. También me dicen que se ríen mucho, así que les pasa como me ha pasado a mí, que escribiendo a ratos he llorado sin parar y a ratos me he partido de risa.
-¿Y el amor? ¿Qué papel juega en todo esto?
Durante toda la novela vuela la idea del amor platónico, entendido no como amor imposible o inalcanzable, sino como ese amor interrumpido, que no se hace real porque no fue el momento o por cualquier otro motivo. Y esos amores acaban convertidos en una isla donde refugiarse con el paso del tiempo, porque no sufren el desgaste de la cotidianidad, se quedan en el mismo modo el que fueron interrumpidos y mantienen la esperanza de que, quizá algún día, puedan volver y hacerse realidad.
-¿Cuándo escribe? ¿Cómo logra encontrar tiempo para ello?
Trabajo en la televisión de 16.00 hasta la una o 1.30 de la mañana. Me despierto a las 8 para escuchar la noticias en la radio, me levanto y me pongo a escribir a eso de las 10.00 y hasta las 14.30, los fines de semana no escribo, salvo en los periodos finales de escritura que es casi un proceso enfermizo y suele corresponder al último año. Por lo demás, grabo conversaciones en el coche como si fuera los personajes, apunto ideas de la trama en el móvil y tengo buenas conversaciones con amigos, de dónde sale siempre buen material.

  1. Un libro de la infancia

10 años con Mafalda, de Quino, me lo regalaron cuando tenía 9 años. También leía los de Enyd Blyton y esas sagas sobre Los Cinco, el internado de Santaclara o Los Hollyster. Paulina, de Ana María Matute. El camino, de Miguel Delibes.  

2.- ¿Su libro favorito¿Y un autor?
Palabra sobre Palabra ¿Y un autor? Ángel González

3.- Un libro por escribir

Esa pregunta tiene infinitas respuestas.